JUAN CARLOS ENTRE FRAGA Y GARZÓN
17 enero 2012
Tres tristes secuencias. Juan Carlos blindado con Rajoy, Aznar, González y Zapatero. El cadáver de Fraga envuelto en homenajes azimut. La figura de Garzón sentado en el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo. Son tres fotografías que reflejan la impotencia de la sociedad española. Quienes montaron la transición como la montaron se encuentran, tres décadas después, obligados a proteger la corona de espinas de Juan Carlos, elogiar cum laude a quien más combatió la lucha democrática y a empapelar, por activa o por pasiva, al juez que se atrevió a recordar que aún existen unas 1204 fosas comunes con más de 100.000 desaparecidos.
Roma no paga traidores. Garzón no tiene quien le defienda. Tras tantos y destacados servicios prestados a los dos grandes partidos, GAL y Gürtel, ninguno le echa una mano cuando tiene que hacer frente a la conspiración de las togados. Trillo y Rubalcaba, que tanto se han servido de este juez vedette, no mueven ni un dedo para que sus puñeteros jueces respectivos impidan que se le haga la puñeta profesional a su fiel e intermitente servidor. Nadie se la puede hacer mejor, como se la están haciendo, que los propios leguleyos con su lenguaje sibilino, enrevesado y ambiguo.El hilo que divide un error de una mala interpretación y no digamos prevaricación, es extrajurídico.
Juan Carlos es inviolable y hay quien pretende extender de facto esta inviolabilidad a su hija e incluso su yerno, Fraga en los altares ya sólo puede responder como el dictador Franco ante Dios, mientras que Garzón que investigó los crímenes del franquismo está siendo juzgado por el Tribunal Supremo. El hombre que veía amanecer, como se le denomina en una biografía autorizada, ve su ocaso por haberse tomado en serio una Ley de Memoria Histórica que no era más que un brindis al sol de la beatiful. Tres fotos simultáneas que, superpuestas sobre el telón de fondo de una crisis económica tan irresuelta como irresoluble, resumen la realidad con más fidelidad que cualquier análisis.