RUBALCABA, LA ENFERMEDAD SENIL DEL PSOE
12 enero 2012
Si más de cuatro millones de electores progresistas prefirieron, por activa o por pasiva, a Rajoy antes que a Rubalcaba es impensable que el Partido Socialista les responda elevando a la categoría de secretario general a quien ha protagonizado el mayor repudio electoral de la historia del PSOE. Sería un suicidio político ratificar este divorcio sociológico. Nadie sabe lo que pueda dar de si Chacón, pero sí se sabe lo que puede dar Rubalcaba tras presentarse como un caudillo que, después de eliminar las primarias, iba a reducir los costes electorales debido al vergonzoso abandono de la socialdemocracia.
Obligado por la derrota en las urnas a tener que competir con quien no se atrevió a competir antes de las urnas, intenta no debatir con su oponente. Con la ayuda del vicesecretario general corrupto veta con argumentos banales la celebración de un debate público entre los candidatos al despacho de Ferraz. Lo suyo es la oscuridad. Huye como si se tratara de la peste de la confrontación de ideas. Busca reorientar el congreso mediante el muñequeo, el chalaneo y la navaja albaceteña. Sin más bagaje intelectual que la serie negra, monta celada tras celada a Chacón. La próxima, un nuevo candidato que quiebre la unidad de los que denuncian su inmobilismo político.
Rubalcaba es la enfermedad senil del PSOE. Enfermedad caracterizada por el miedo a la democracia, la desideologización máxima y la copia descarada del derechismo político. Tres graves síntomas vividos justo antes de la transición democrática por un también viejo Rodolfo Llopis maniobrando contra un joven González que denunciaba asimismo el inmobilismo. El inmediato pasado del Partido Socialista fue posible por aquella renovación, su futuro depende del éxito de este nuevo proyecto renovador. Con Chacón podrá ser perfecto e imperfecto, con Rubalcaba inexistente.Es tan evidente que hasta el propio grupo Prisa le ha abandonado en sus pretensiones de imponer el estado de excepción en Ferraz.