Muy reveladores deben ser los sondeos para Cascos cuando ha optado por la convocatoria de unas nuevas elecciones autonómicas tras las celebradas en mayo del año pasado. Aunque el pretexto es Asturias, el objetivo es España. Hombre que no da puntada sin hilo, probablemente ha encontrado un ovillo electoral en el profundo cabreo del electorado del Partido Popular con el recién constituido gobierno de Rajoy. Aún no llevan ni cien días en la Moncloa y se percibe una sorda irritación en sus electores que apenas puede ser contenida con la proyectada involución legislativa anunciada por Gallardón.
Convocando las urnas autonómicas, Cascos no pierde nada y puede ganar mucho porque es impensable que deje de ser la primera fuerza minoritaria en el Principado. No hubiera, entonces, convocado. De reeditarse los mismos resultados equivaldrían a una nueva derrota de los populares asturianos incapaces de reproducir en su comunidad la mayoría absoluta del 20 de noviembre. De lo contrario, si avanza, mordería en en el voto del PP, multiplicaría el eco de la protesta de quienes votaron a Rajoy y se convertiría en un importante grupo de presión de la derecha extrema sobre el centro derecha.
No es casual la coincidencia de la votación asturiana con la andaluza. Dos campañas paralelas con un eje diametralmente opuesto. Centrista en Andalucía para recoger a quienes huyen del voto socialista, derechista en Asturias para retener a aquellos que buscan refugiarse en el partido de Cascos. La convocatoria es todo un llamamiento a un voto de castigo a Rajoy por incumplir su programa electoral sin ningún coste político añadido puesto que son elecciones autonómicas. Facilite un gobierno mayoritario en Asturias, déle un capón gratis a Rajoy y equilibre a un Partido Popular olvidadizo de sus dos millones de votos de extrema derecha. Ese es el mensaje de Cascos. Las urnas de Oviedo pueden acabar siendo para Rajoy mucho más importante que las de Sevilla.

Sólo un acreditado especialista en desinformación como Rubalcaba puede haber inspirado el asesinato de carácter de Chacón publicado el domingo en su diario oficial. Muy preocupado debe andar con las encuestas internas, que le señalan como perdedor el próximo sábado en Sevilla , para degradar al ya muy deteriorado El País con el Arriba de la dictadura a la hora de difamar a dirigentes de izquierda. Quien hizo el ridículo en las elecciones generales, al protagonizar la mayor derrota electoral del socialismo, teme hacerlo también en el XXXVIII Congreso del Partido Socialista. Si los electores le volvieron la espalda, ¿ por qué no los delegados ?
Pero esta guerra sucia, ahora contra otros socialistas, no obedece únicamente al nerviosismo del candidato. Sin tener en cuenta el paisaje de fondo de la reunión, el presente gobierno neoliberal empieza a recorrer ya la senda del fracaso recorrida por el pasado gobierno socioliberal, es de todo punto incomprensible tanta suciedad. Quienes tienen en perspectiva un gobierno de coalición o pacto de legislatura entre el PP y el PSOE necesitan un líder como Rubalcaba para abortar una potencial opción socialdemócrata que pudiera surgir del Partido Socialista. Se trata de impedir una fórmula política progresista, basada en las clases medias y populares, que sustituya a un Rajoy que lleva camino de terminar como el griego Papandreu.
Su problema, el de los grandes bancos, empresas y multinacionales, reside en el paisanaje. No tiene nada de extraño que, desde el consejo de administración de Gas Natural, se busque blindar la enorme fragilidad política de un eterno segundo como Rubalcaba. Lo que no hicieron con Almunia o Bono enfrentados a Borrell y Zapatero, lo hacen con Rubalcaba frente a Chacón. Como no tienen recambio, no les queda más remedio que promover a quien , acostumbrado a las bambalinas, no sabe moverse como actor principal en los escenarios. A pocos días de la apertura de la cita de Sevilla, Chacón ha ido a más tanto como Rubalcaba ha ido a menos. De lo contrario la mano de Gas Natural y la bofetada de El País no se hubiesen producido.
Chacón, sorprendentemente, es el peligro a abatir. La hegemonía política e ideológica de la derecha es tan aplastante que, hoy por hoy, el propio Partido Socialista se ha convertido en el principal campo de batalla entre los poderes económicos y los sectores populares. La orientación del PSOE es crucial en la actual coyuntura política marcada por el agotamiento del proyecto económico liberal con o sin prefijo neo, PP, o socio, Rubalcaba. La juventud, trayectoria profesional, pasado limpio y honestidad política de Chacón le convierten en una amenaza para quienes como Solchaga se han criado en los gabinetes de los bancos o en los servicios estadounidenses como Solana. Su angustia es que Suresnes se ha quedado tan viejo como ellos mismos. La nueva generación socialista, sin ningún tipo de deudas e hipotecas, desatará todo lo que los camisas viejas quieren dejar atado y bien atado. Es ley de vida. Es ley de historia.

Ocurrió cuando Borrel desafió a Almunia, volvió a ocurrir cuando Zapatero retó a Bono y ocurre hoy cuando Chacón lidera la renovación del Partido Socialista. Toda la vieja generación, el Frente de juventudes de Rubalcaba, contra la nueva. No hay fisuras entre los viejos refugiados en el asilo de Ferraz tras haber perdido todas las posiciones de poder institucionales. El XXXVIII Congreso, proclaman, no será la reedición del XXXVII. No habrá cuartel, pues, para ningún nuevo Zapatero ni mucho menos esa zapatera prodigiosa que es Chacón. Al carecer de tiempo, la edad no perdona, e ilusión, la gerontocracia marca el pasado como futuro.
Imposible un pretérito imperfecto con mayor colección de fracasos. Veamos uno a uno a los componentes del Frente de Juventudes de Rubalcaba. Treinta años de derrotas políticas sucesivas los contemplan. Al tecnócrata Solchaga se le ha caído el muro de Wall Street, al oyente Guerra no le que queda ni raspa de la socialdemocracia, al centinela de Occidente Solana se le ha derrumbado el Pentágono, al patriotero Bono se la desgajado la España una, grande,libre y a Almunia su taparrabos europeísta apenas tapa las vergüenzas de una Gran Alemania resucitada de los campos de batalla. Tres décadas después de la pizarra prusiana de Suresnes, el balance no puede ser más desalentador. La hegemonía política, social, económica e ideológica de la derecha carece de precedentes.
Imperativos biológicos impide al Frente de Juventudes de Rubalcaba ir más allá del corto plazo. Se aferran al asilo de Ferraz tratándolo de reconvertirlo en un búnker contra los proyectos renovadores de Chacón. Sueñan con las contradicciones del gobierno de la derecha y su previsible choque de trenes con una creciente extrema derecha como medio para resituarse de nuevo en las instituciones e incluso gobiernos de concentración que sostengan a Rajoy cuando acabe, como augura Aguirre, como Papandreu. No hay más finalidad estratégica que la reedición del turno de partidos de la primera restauración borbónica. Rubalcaba en ese cretinismo político, ajeno a la izquierda, es el cretino adecuado.
Su problema son los militantes que ansían una alternativa socialdemócrata. Sustituir a los neoliberales, no sostenerlos, cuando se evidencie socialmente el fracaso del neoliberalismo. Hoy y sobre todo mañana, un Partido Socialista renovado en base a la socialdemocracia puede convertirse en el eje de una alianza progresista de amplio espectro. Caben todo tipo de dudas sobre que Chacón y su entorno vayan a encabezar este tan potencial como potente movimiento social, no cabe ninguna sobre la hostilidad de Rubalcaba a cualquier proyecto de izquierda. Esa es la gran ventaja de Chacón. Puede jugar a corto, medio y largo plazo. No es el caso del Frente de Juventudes de Rubalcaba.

Morenés no es ministro de Rajoy sino del Rey. Fue el propio Juan Carlos quien le hace ministro como hizo a Serra en el primer gobierno Aznar. Ambos presidentes entraron en Zarzuela con un titular de Defensa y salieron con otro. Esta costumbre alauita, el autócrata marroquí se reserva la elección de algunos ministros, coloca a nuestras Fuerzas Armadas, cada vez que gobierna el Partido Popular, bajo la responsabilidad política de hombres vinculados con el negocio de la guerra. No es aún el complejo militarindustrial que denunciaba el general Eisenhower y que ya se ha hecho realidad en Estados Unidos, pero no le anda muy lejos.
Morenés, son sus palabras, no actúa a lo loco. Léase, retiradas como las de Zapatero en Irak o repliegues como los de Chacón en Afganistán. En lugar de imitar a las tropas holandesas, que acaban de marcharse de esa guerra perdida de Kabul, anula la orden de replegarse en enero . A la vez, se toma todo un tiempo de reflexión que puede ser escenario de un conflicto en Siria o una invasión de Irán en la que pueden verse envueltos los más de mil militares españoles estacionados en el Líbano. Justo en dos mercados de futuros bélicos potencialmente muy rentables para los que viven de las compraventas del Pentágono.
La contraorden del ministro alauita del Rey impide el imprescindible recorte de los 861 millones de euros empleados por la Moncloa al servicio gratis et amore de estos intereses geoestratégicos de la Casa Blanca por completo ajenos a los de España. Recortes vitales en un ministerio que adeuda más de 26000 millones de euros por la compra de maquinaria al complejo militarindustrial. No parece , visto lo visto y oído lo oído, que haya sido una buena idea colocar en Defensa a quien sostiene que la credibilidad económica necesita de la presencia de soldados españoles en Afganistán o Líbano. Ese es el interés del negocio de la guerra, no del Estado español.

Tres tristes secuencias. Juan Carlos blindado con Rajoy, Aznar, González y Zapatero. El cadáver de Fraga envuelto en homenajes azimut. La figura de Garzón sentado en el banquillo de los acusados del Tribunal Supremo. Son tres fotografías que reflejan la impotencia de la sociedad española. Quienes montaron la transición como la montaron se encuentran, tres décadas después, obligados a proteger la corona de espinas de Juan Carlos, elogiar cum laude a quien más combatió la lucha democrática y a empapelar, por activa o por pasiva, al juez que se atrevió a recordar que aún existen unas 1204 fosas comunes con más de 100.000 desaparecidos.
Roma no paga traidores. Garzón no tiene quien le defienda. Tras tantos y destacados servicios prestados a los dos grandes partidos, GAL y Gürtel, ninguno le echa una mano cuando tiene que hacer frente a la conspiración de las togados. Trillo y Rubalcaba, que tanto se han servido de este juez vedette, no mueven ni un dedo para que sus puñeteros jueces respectivos impidan que se le haga la puñeta profesional a su fiel e intermitente servidor. Nadie se la puede hacer mejor, como se la están haciendo, que los propios leguleyos con su lenguaje sibilino, enrevesado y ambiguo.El hilo que divide un error de una mala interpretación y no digamos prevaricación, es extrajurídico.
Juan Carlos es inviolable y hay quien pretende extender de facto esta inviolabilidad a su hija e incluso su yerno, Fraga en los altares ya sólo puede responder como el dictador Franco ante Dios, mientras que Garzón que investigó los crímenes del franquismo está siendo juzgado por el Tribunal Supremo. El hombre que veía amanecer, como se le denomina en una biografía autorizada, ve su ocaso por haberse tomado en serio una Ley de Memoria Histórica que no era más que un brindis al sol de la beatiful. Tres fotos simultáneas que, superpuestas sobre el telón de fondo de una crisis económica tan irresuelta como irresoluble, resumen la realidad con más fidelidad que cualquier análisis.

EL CABALLERETE FRAGA

16 enero 2012

Mientras Julián Grimau era torturado en la Puerta del Sol, Fraga afirmaba que recibía un trato exquisito, tras ser arrojado al callejón de San Ricardo informaba que se lanzó al vacío y antes de ser fusilado le difamaba anunciando la publicación de un dossier sobre los crímenes de este caballerete. Años después repetía la infamia con las rapadas policiales aplicadas a las mujeres de los mineros asturianos en huelga como la célebre Constantina al burlarse diciendo que más da un corte de pelo, con el también suicidado Ruano, los fusilados un mes antes de morir el dictador y los muertos de Vitoria al comienzo de la transición.
Es incomprensible que, pasadas tres décadas desde la dictadura, aún no se escriba sobre lo que sucedió realmente en España antes y después de la muerte de Franco. Sin faltar el respeto a un cadáver ni tergiversar su biografía es hora de que figuras como Fraga sean abordadas con un mínimo rigor histórico. Su cara oculta enlaza con la otra historia de una transición que todavía está por escribir. Es sintomático que sólo existan versiones oficiales u oficiosas, panfletos hagiográficos, acerca de unos hechos que explican la baja calidad decreciente de nuestra reciente democracia. Causa sonrojo, además, los eufemismos empleados estos días, años difíciles o régimen anterior, para no llamar a la dictadura franquista dictadura.
La realidad es que el caballerete Fraga fue enemigo de la democracia hasta el último segundo del dictador. Incluso después, una vez que no tuvo más remedio que aceptarla, condicionó hasta tal punto la transición que aún hoy día el sistema democrático cojea de aquellos condicionantes. Si todavía una extrema derecha creciente considera a Rajoy como un incipiente traidor, reeditando en el actual presidente de Gobierno el calvario vivido por Adolfo Suárez, se debe en buena medida a la herencia autoritaria dejada por el mejor ministro de la dictadura de Franco. Mientras la derecha catalana o vasca tenía a sus líderes en la cárcel como Pujol o en el exilio como Leizaola la española los tenía en los gobiernos dictatoriales. ¿ Por qué ocultarlo ?

Si más de cuatro millones de electores progresistas prefirieron, por activa o por pasiva, a Rajoy antes que a Rubalcaba es bastante impensable que el Partido Socialista les responda elevando a la categoría de secretario general a quien ha protagonizado el mayor repudio electoral de la historia del PSOE. Sería todo un suicidio político ratificar este divorcio sociológico. Nadie sabe lo que pueda dar de si Chacón, pero sí se sabe lo que puede dar Rubalcaba tras presentarse como un caudillo que, después de eliminar las primarias, iba a reducir los costes electorales debido al vergonzoso abandono de la socialdemocracia.
Obligado por la derrota en las urnas a tener que competir con quien no se atrevió a competir antes de las urnas, intenta no debatir con su oponente. Con la ayuda del vicesecretario general corrupto veta con argumentos banales la celebración de un debate público entre los candidatos al despacho de Ferraz. Lo suyo es la oscuridad. Huye como si se tratara de la peste de la confrontación de ideas. Busca reorientar el congreso mediante el muñequeo, el chalaneo y la navaja albaceteña. Sin más bagaje intelectual que la serie negra, monta celada tras celada a Carmen Chacón. La próxima, un nuevo candidato que quiebre la unidad de los que denuncian su inmobilismo político.
Rubalcaba es la enfermedad senil del PSOE. Enfermedad caracterizada por el miedo a la democracia, la desideologización máxima y la copia descarada del derechismo político. Tres graves síntomas vividos justo antes de la transición democrática por un también viejo Rodolfo Llopis maniobrando contra un joven González que denunciaba asimismo el inmobilismo. El pasado del Partido Socialista fue posible por aquella renovación, su futuro depende del éxito de este nuevo proyecto renovador. Con Chacón podrá ser perfecto e imperfecto, con Rubalcaba inexistente.Es tan evidente que hasta el propio grupo Prisa le ha abandonado en sus pretensiones de imponer el estado de excepción en Ferraz.

Apenas anunciada la subida de impuestos en toda España, menos en Euskadi y Navarra, se anuncia una rebaja fiscal en Madrid. Aguirre retoma la fiscalidad neoliberal abandonada por la inesperada socialdemocracia de Rajoy. Es todo un mensaje enviado a un electorado conservador, fundamentalmente clases medias, que empieza a estar tan irritado con el Partido Popular como estuvieron y están los electores progresistas, sobre todo trabajadores, con el Partido Socialista por haber sustituido una política socialdemócrata por el neoliberalismo. Estamos ante la ofensiva de la lideresa contra el líder.
Sin esperar a conocer las previsiones macroeconómicas, sin conocer aún los presupuestos, sin haberlo debatido en el próximo Consejo de Política Fiscal y Financiera, la presidenta de Madrid se lanza en picado contra el presidente del Gobierno de España. Es una inequívoca decisión política mucho más que económica. Aprovechando los márgenes que le proporciona la capitalidad del Estado, inexistentes para las restantes comunidades, va a reducir la presión fiscal en Madrid para situarla varios puntos por debajo de la media estatal.Es un paso más en la denuncia política de Rajoy, el blindaje social de la extrema derecha y la potenciación del búnker separatista madrileño.
Se equivoca Cospedal al mirar para otro lado y acierta Feijó cuando descalifica esta iniciativa. Tanto el PP como Rajoy empezarán muy pronto a recorrer la escarpada senda recorrida por UCD y Suárez si no aplastan aquí y ahora el huevo de la serpiente anidado política y mediáticamente en Madrid. De nada le sirve plantar cara a Cascos, nombrando delegado del Gobierno en Asturias a su peor enemigo político, si Aguirre continúa tejiendo una tela de araña de extrema derecha que primero envuelva a Génova y luego la Moncloa. Sin liberar a Madrid, Rajoy lo va a tener muy difícil por no decir que imposible.

No ven la corrupción de su propio vicesecretario general, no oyen la profunda irritación ciudadana , no hablan contra el dictak del Plan Merkel. Uno recupera la concepción joseantoniana de una España, grande y libre; otra pone en valor la edad y el sexo. Ambos más el tercer hombre que prepara Rubalcaba para dividir el voto de Chacón, son como los tres monos que se tapan los ojos, bocas y oídos para no ver, oír y hablar sobre la sangre, sudor y lágrimas del Juan español tendido sobre la arena de la crisis.Este es el triste espectáculo protagonizado por un tipo con más costras que un galàpago, según Gregorio Morán, y una reedición femenina de la figura stendheliana del arribista Sorel, según Enric Juliana.
Nada puede interesar menos a los cinco millones de parados, otros tantos tan preparados como pre-parados y los más de cuatro millones de votos perdidos por el Partido Socialista. Llama la atención que en medio de una interminable crisis económicosocial el debate se centre en la última letra de la sigla, la E de español, y no en la segunda y tercera, la S y O, como hacen por ejemplo los socialistas franceses cuando Francois Hollande promete incumplir el plan Merkel si vence en las urnas a Sarkozy. Vade retro. Ni el viejo de todo, ni la joven de nada, están dispuestos a participar en un debate televisivo similar al protagonizado por Hollande, Martine Aubry y Montebourg. Ni siquiera cuestionan el látigo prusiano, sólo la forma de aplicar los latigazos.
Sí interesa a la derecha, que apoya a Rubalcaba, tanto como a una extrema derecha que ha descubierto ya el liderazgo de Chacón. La perspectiva de un Rajoy quemado a lo Papandreu explica estos coherentes apoyos.Los primeros porque piensan que Rubalcaba podría entonces convertir al socialismo en el comodín del Partido Popular, los segundos porque calculan que la juventud de Chacón rechazaría esa mala tentación. Mientras es seguro el primer cálculo no lo es el segundo, pero los muy poderosos intereses que se agazapan tras el protectorado alemán en España no pueden arriesgarse. Saben que con un cansado de ser siempre el segundo, el PSOE marcará el paso de la oca cuando sea necesario. En el congreso de Sevilla el Partido Socialista se juega su independencia.

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