Se les había asegurado que el Faisán iría a un juzgado de Irún y que, tras una corta condena por revelación de secretos, acabarían en la agregaduría de alguna embajada. El rechazo del recurso jurídico de los policías implicados en el chivatazo a Eta, la sección segunda de la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional acaba de decidir que continúe en su juzgado número 5, deja a la total intemperie a los funcionarios que junto al entonces director general de la Policía se encuentran procesados por colaboración con banda armada. Desde los lejanos tiempos del Gal no ocurría nada semejante.
Aquella experiencia indica la peligrosidad potencial de que esta resolución acabe quebrando el Fuenteovejuna policial ante el magistrado Pablo Ruz. Que ahora se les prometa para después la primavera todo lo incumplido antes no tranquiliza nada a quienes se limitaron a cumplir órdenes políticas que aquellos que las tomaron se niegan a asumir. Sólo faltaba la socialización del Faisán, la patada para arriba propinada a través del País, para aumentar su inquietud. No entienden como les pueden pedir que sigan ateniéndose a la versión oficial los mismos que disparan por elevación para rehuir sus responsabilidades.
El ultimátum está en el aire. Si pasado el verano continúan a la intemperie, llegará la hora del cante colectivo o individual. Porque no se tiene en pie sólo una explicación técnica del rechazo de su recurso, no ha sido el momento procesal para plantearlo, y menos aún la lectura sesgada,pro domo sua, de que el chivatazo nunca puede ser considerado jurídicamente como colaboración con banda armada. Si erraron en el momento procesal, pueden errar asimismo en la interpretación del soplo como una mera revelación de secretos. Sea como sea, el secretario Antonio Camacho carece ya totalmente de autoridad, Se esconde, se suma al disparo para arriba e incumple lo que promete. No hay nadie más inseguro que el secretario de Estado para la Seguridad.

DISPAROS POR ELEVACIÓN

30 marzo 2011

Sin la publicación de las actas del último diálogo del Gobierno con Eta no se hubiese podido pasar de una investigación judicial sobre el Faisán a una controversia política sobre el conjunto de la negociación. Si este lunes el Mundo sólo había publicado aquello que hacía referencia al chivatazo, el martes el País iba mucho más allá publicando un extracto sobre todas las reuniones. Así se pasaba, ipso facto, de un problema particular judicial a uno general político. De la presunta responsabilidad de un ministro por encubrir unos supuestos delitos, a la responsabilidad de todo el Gobierno por haber negociado como negoció con Eta. Desde luego, alguien busca no cargar con el muerto de un proceso negociador que obstruyó cuanto pudo.
Es el penúltimo error de Interior que no ha desplumado el Faisán a lo largo de más de dos años de indagaciones judiciales. Bien sea por torpeza, pereza o arrogancia, vuela hoy más alto que nunca por ausencia de una sencilla explicación. No es la primera vez ni será la última, mucho más cuando se entabla una complicada conversación con unos delincuentes, que la policía les da carrete. No se hizo, por lo que se debió sustituir al secretario Camacho como se sustituyó al director general García Hidalgo. Inexplicablemente tampoco fue relevado y llevado de la mano de un mal instructor sumó el delito de colaboración con banda armada.
Al contrario de la época de Barrionuevo y Vera, que no socializaron sus responsabilidades, ahora se está disparando por elevación desde Interior. Hasta el martes nadie cuestionaba la negociación con Eta, con independencia de su valoración positiva o negativa, sino sólo se cuestionaba la posible existencia de unos delitos concretos dentro de ese marco negociador. Desde entonces el contenido del chivatazo ha sido sustituído por el continente de la negociación que lo enmarcó. O sea, alguien intenta envolver políticamente a la sección segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y su juzgado número 5, antes de que se pronuncien sobre el Faisán, tanto como arroparse socialmente provocando la torpe embestida del Partido Popular.

MAREAR LA PERDIZ

29 marzo 2011

Tanto marear la perdiz, en este caso faisán, debe tener alguna explicación más allá de la cacería contra el vicepresidente más poderoso desde Carrero Blanco. No tiene sentido marearla cuando ni la sala Penal de la Audiencia Nacional se ha pronunciado aún sobre el recurso presentado por los imputados, ni el juzgado número 5 sabe si continuará con el sumario sobre el Faisán para proceder a concluir sus indagaciones. No hay un sólo indicio nuevo que permita elevar el tono político como se está elevando.
No es la perdiz contra quien se dispara sino contra la suerte de Sortu tras la recién ajustada votación del Tribunal Supremo. Es el probable e inminente recurso de amparo de la izquierda abertzale ante el Tribunal Constitucional el que centra la atención de los cazadores. Porque los siete magistrados progresistas, que constituyen la mayoría en esta institución, pueden legalizar lo ilegalizado hace unos días por 9 votos contra 7 en el Alto Tribunal. Si hoy se cerca al vicepresidente más de lo posible judicialmente sobre el caso Faisán, se debe a la innegable influencia de la vicepresidencia sobre el Tribunal Constitucional.
El fantasma de 1986, donde el TC impidió que González ilegalizase HB, y de 1997, donde el TC sacó de la cárcel a la Mesa Nacional de HB, planea sobre Sortu. Esta tradición garantista más el temor de verse luego desautorizado por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo genera toda clase de incertidumbre sobre su decisiva sentencia. Pero, paradójicamente, quien se está llevando todas las bofetedas es quien mejor presiona para que el Tribunal Constitucional ratifique la ilegalización decidida por el Tribunal Supremo. Todavía no han entendido que el vicepresidente les copia o, tal vez, lo abofetean precisamente por copiarles.

No se explica tan sólo la fusión del Banco Santander con la Moncloa por los problemas judiciales pasados y presentes de Botín y su mano derecha Saéz. La pasada reforma procesal que evitó que el citado financiero se sentara en el banquillo de los acusados en el sumario sobre la cesión de créditos y el indulto solicitado para su consejero delegado, recién condenado por el Tribunal Supremo, cuentan pero no determinan per se el rotundo apoyo político del Banco Santander al presidente Zapatero para que agote la legislatura y cortocircuite la conspiración sucesoria de los camisas viejas tendente a situar a uno de sus peones de brega en Ferraz.
Si en un año Zapatero ha hecho la política diestra que ha hecho, es fácil calcular la que todavía puede hacer en el que le resta en la Moncloa. Este cálculo acertado de Botín, basado en cambiar más tiempo político por más plusvalía económica, es el que explica su cerrado sostén al presidente del Gobierno. Ningún otro político, desde Ullastres en 1959, ha aplicado tantas y tan profundas reformas neoliberales al tejido socioeconómico español como Zapatero. Más vale que pueda seguir hasta el final es el análisis de quien nació predestinado por su apellido a ser la mano visible del mercado. Es una operación redonda. En doce meses multiplicará los beneficios del Santander y los votos de Rajoy.
Pero las ganancias políticas de Zapatero, por el contrario, son inmediatas. Separa a la derecha económica de la política. Introduce una fina cuña entre la vieja guardia sociata, tan proclive a los banqueros, y las finanzas. Desenreda ese enredo sucesorio tejido por los que buscan recuperar el control del partido que perdieron hace una década. Refuerza a la nueva generación de dirigentes. Va a rentabilizar un resultado de las urnas municipales muy alejado de los sondeos catastróficos de las generales. Y , sobre todo, continúa en la Moncloa con el aplauso nada desdeñable del mundo del dinero. Su fusión con Botín es todo un enroque inesperado para quienes habían anunciado que iba a ser enterrado políticamente este sábado.

EL MAL FRANCÉS

24 marzo 2011

Es un error teórico de Solana, desde los intereses del Estado Español, sostener que en política exterior debemos hacer lo mismo que Francia, pero un poquito menos. Pero es un disparate práctico que Zapatero haga lo mismo sin ni siquiera aplicar esa reducción. En esa seducción por el mal francés radica la decisión de la Moncloa de sumarse a la guerra colonial contra Libia. Mientras los conservadores suelen adaptarse al imperialismo de turno, desde Hitler a Bush pasando por Kennedy, los progres sacralizan tanto Francia como los llamados valores republicanos olvidando que fueron guillotinados con Robespierre tras la reacciòn termidoriana.
Africa se nos escapa. China nos domina, Washington nos ignora. Esta es la conclusión de un manifiesto de una treintena de diplomáticos galos, publicado en Le Monde a mitad de diciembre, previo a la agresión colonialista contra el pueblo libio. La grandeur de France, desnudada por la hegemonía alemana en una Unión Europea germanizada, intenta reforzar su dominio sobre el Africa Occidental a la vez que la Gran Bretaña lo intenta sobre el Africa Oriental. Máxime en un continente donde los chinos avanzan económicamente. Baste sólo señalar que en la capital de Angola, Luanda, los rótulos de las calles pueden leerse en idioma chino además de portugués.
No es la primera vez que Francia pasa factura de sus aventuras coloniales. Durante el siglo XIX, en el que los españoles fueron alternativamente gobernados por las embajadas anglofrancesas, España estuvo en la guerra contra México de la que pudo librarse por la determinación del general Prim que retiró las tropas sin informar al gobierno de Madrid y en el inicio de la ocupación de la Cochinchina. Ya en el siglo XX, durante la Conferencia de Algeciras en 1912, los franceses cedieron la zona marroquí más pobre, Marruecos es una chuleta y a España le han dado el hueso, para quedarse con la zona más rica, Argelia y Túnez.
Si malo es ser soberanos e intervenidos por Estados Unidos, peor serlo por Francia. Si los primeros son un imperio en decadencia, pero imperio; los segundos no son ni una sombra de lo que fueron. Contaminarse del mal francés no es una imposición, como la estadounidense, sino una seducción por lo franchute que atrae a la gauche caviar desde hace dos siglos. Es una vergüenza histórica que en 2011 el demócrata Zapatero no rechaze la guerra colonial contra los libios como el dictador Franco rechazó en 1956 la agresión colonial francobritánica contra los egipcios pese a haber perdido por esas fechas el Protectorado de España sobre la Zona Norte de Marruecos.

Aunque San Agustín distinguía hasta ocho clases de mentiras, vamos a atenernos a la clasificación de santo Tomás de Aquino que sólo establecía unas tres. No es fácil porque si la verdad es siempre la primera víctima de toda guerra, lo es mucho más en las agresiones colonialistas como la que efectúan las tropas anglofrancesas contra Libia. Porque la cínica premisa de los profetas armados endógenos, España participa en la guerra colonial para ayudar al pueblo libio, va contra toda evidencia. Es justamente todo lo contrario. Se trata de impedir que la dictadura pueda ser sustituída por un sistema democrático no controlado por París y Londres.
No hay más guerra justa que la defensiva. Toda guerra ofensiva es injusta. Libia no ha atacado a ningún país, ningún país debe atacarla. Sus problemas internos, similares a otros treinta en otros estados, no autorizan a agredirla salvo que transformemos el mundo en una jungla. Ese sería el futuro de no frenarse la barbarie de Sarkozy, Cameron, Berlusconi y Zapatero. España debe retirarse y los agresores francobritánicos morder el polvo de la derrota como ya lo mordieron en 1956 tras agredir a Egipto Si entonces intentaron desnacionalizar el canal de Suez, ahora intentan desnacionalizar el inmenso océano de petróleo recién descubierto en subsuelo libio.
No hay guerra sín víctimas. Ni bombardeos asépticos. La guerra es una mezcla de sangre, sudor y lágrimas tanto para el agredido como para el agresor. Nuestra experiencia reciente nos enseña que cuando se golpea a un pueblo ajeno, puede ser golpeado el propio. Sería toda una ironía de la historia que alguno de nuestros profetas armados reeditase la culpabilidad etarra si los ahora atacados atacasen después en territorio español. Las mismas causas producen los mismos efectos y cuando se empieza a marchar por la senda de la guerra es preciso no olvidar que es un camino de doble dirección.
La Constitución de 1931 establecía que España renuncia a la guerra como instrumento de política exterior. La defensa de la paz ha sido una constante del estado español antes y después de éste enunciado. No en vano fue neutral en las dos guerras mundiales. Eje de esta voluntad pacífica de la sociedad española fue el PSOE. La semana trágica de 1909, el desastre de Annual de 1921, la denuncia de la invasión italiana de Abisinia en 1933 , bien lo demuestran. No hay precedente alguno en la historia de España, ni en la del socialismo, de esta oda a la guerra al servicio de intereses estatales ajenos.

A juzgar por el tono guerrero de los diputados, los leones abandonaron ayer la puerta de la Cortes para tomar asiento en sus escaños. Fundidos con los cañones arrebatados a las mehallas marroquíes en la guerra de 1860 se alinearon en perfecto estado de revista junto con las tropas coloniales anglofrancesas y sus cipayos auxiliares. No hubo debate parlamentario alguno sino una exaltación de la guerra humanitaria francobritánica para hacerse con el petróleo, controlar Libia e impedir que el pueblo libio pueda imponer una ruptura democrática en lugar de la reforma neocolonial que necesitan Londres y París.
Asombra tanta unanimidad en la clase política española. Veamos la división. En el Consejo de Seguridad de la ONU seis grandes potencias se abstienen tras incluir en la resolución la prohibición de invadir Libia, en la OTAN tanto Alemania como Turquía vetan que se sume a la agresión, en la U.E. sólo seis países participan en la carnicería norteafricana mientras que en España todos los políticos convierten sus plumas en bayonetas. Salvo la coherencia nacionalista, que hoy ve como la unidad del estado libio puede ser quebrada como lo fuera la serbia tras Kosovo, brilla la incoherencia estatal de los restantes diputados.
La agresión a Libia nos retrotrae a los peores tiempos anteriores a la Paz de Westfalia, 1648, que consagró la no injerencia en los estados. Cuando se habla de protección del pueblo libio se está hablando de restablecer la figura jurídica del Protectorado colonial. A esta violación del Derecho Internacional hay que sumar el elevado coste de la guerra que volverá a caer sobre las espaldas de los ciudadanos. Súmese los gastos de seguridad extras porque si algo quedó claro, después de la aventura de Aznar en Bagdad, es que quien creía estar a salvo de contrataques topó con los trenes de Atocha.

Desde que en 1956 atacaron a Egipto no habían vuelto los anglofranceses a caer en la nostalgia colonial. Ahora se reeditan aquellas operaciones militares sobre Libia. Previamente, sus legiones mediáticas han despejado el terreno de la opinión pública. Tirios y troyanos repiten como un loro la cobertura humanitaria de los intereses económicos, políticos, geoestratégicos y personales del colonialismo. El siglo XX ha avanzado hacia el XXI, pero en realidad ha retrocedido hacia el XIX. Paris y Londres intentan repartirse las riquezas del subsuelo africano con el visto bueno de Washington.
¿ Que hace España en esta sucia tarea colonialista de dos viejas potencias decadentes ? El móvil democrático es inexistente. Arabia Saudita acaba de invadir Bahrein, Marruecos incumple las resoluciones de la ONU sobre el Sahara tanto como Israel sobre Palestina , en Oriente Próximo las dictaduras masacran a diario y la ética de Sarkozy y Cameron no se inmuta. Alemania, Brasil, India, China , Rusia y Turquía se abstienen de aprobar una resolución ad hoc anglofrancesa. E incluso quienes la aprueban como Portugal rechazan participar en la carnicería anglosajona ni siquiera de chacha colonial como la Moncloa.
Imposible atentar más contra nuestros intereses estatales que ayudar a quien ocupa la única colonia europea, Gibraltar, montar nuevas colonias en Libia. Imposible gravar más a los ciudaadnos obligados a soportar el elevado coste de una nueva guerra,además de la invasión de Afganistán, mientras se recortan derechos sociales. Que le pregunten a empresas como Repsol, Sacyr y Abengoa sobre sus inversiones tras la agresión española al pueblo libio. A no ser que los súbitos guerreros de la Moncloa coincidan con el interés personal de un Sarkozy, angustiado por las encuestas en las que aparece por detrás de Marina Le Pen, es incomprensible este subarriendo colonial de España.

Había tiempo para negociar, como dijo la Moncloa, y nada que negociar como dijeron los trabajadores. Sólo cabía la marcha atrás del Gobierno tal y como acaba de producirse. Ante la previsible conflictividad en los aeropuertos españoles en fechas electorales, la huelga estaba ya convocada, han dado la razón a los sindicatos e introducido un pliego de condiciones sui generis en los procesos de privatización por muy parcial que sea el proyectado en España. Unos trataban de ganar tiempo y lo han ganado, otros de garantizar sus puestos de trabajo y los han garantizado.
La fórmula jurídica que arropa el acuerdo es bastante dudosa y preñada de potenciales problemas. Pero, hoy por hoy, fija las condiciones laborales de la plantilla, determina que cualquier alteración de la misma necesita el visto bueno sindical y extiende el convenio colectivo de empresa pública hasta el 2018. En los próximos días, la letra pequeña permitirá conocer hasta que punto será viable el status de empleado público en una empresa privada. Aunque la duda se limita a los 2200 trabajadores de El Prat y Barajas, dado que en los restantes aeropuertos difícilmente Aena va a encontrar socio privado alguno.
Es ahí donde Ferrovial, ACS, FCC e Indra, que pujan por el buen negocio de la privatización, van a plantear batalla; el resto es pecata minuta Parece harto difícil que este pliego de condiciones, gestado bajo la convocatoria de una huelga, vaya a ser aceptado por estos visitadores de la Moncloa. Al fin y al cabo, la fórmula jurídica utilizada abre múltiples caminos además del pactado. Siempre y cuando puedan convencer a quienes han sabido hacer retroceder al Gobierno que intentaba ponerles en la calle. Los huelguistas que no lo han sido, pueden serlo.

Garzón no tiene quien le defienda. Es un magistrado sólo ante el peligro. De repente se ha desinflado el colchón de intereses que le defendia ante su triple procesamiento por el Tribunal Supremo. Es muy sintomático que el diario El País, nada ajeno a las orientaciones de Rubalcaba, no haya proporcionado cobertura ínformativa alguna sobre la reciente presentación de su libro La fuerza de la razón en la que brillaron por su ausencia los dirigentes socialistas.
También es muy reveladora la ralentización de las reuniones de Trillo con Rubalcaba a propósito de la renovación del Tribunal Constitucional. Si el juez Enrique López esperaba que el Partido Socialista levantase el veto personal que le impide entrar en dicha institución y el magistrado Garzón calculaba que el Partido Popular votara el anteproyecto de reforma procesal, aprobada en uno de los últimos Consejo de Ministros, que le permitiera eludir dos de los tres procesos, su espera puede ser larga porqoe no parece que este cambio de cromos judiciales vaya a concretarse.
Los misterios del juzgado número 5 de la Audiencia Nacional deben tener algo que ver con esta súbita soledad de Garzón. De sus cajones salieron los papeles perdidos que empapelaron a Barrionuevo y Vera, de sus cajones han salido algunas de las plumas perdidas por el Faisán que le han permitido remontar el vuelo y vaya usted a saber que puede salir. Al fin y al cabo fue el mismo Garzón quien sumó al delito de revelación de secretos el inquietante delito de colaboración con banda armada. Quizás continúe con los tres procesos ante el Tribunal Supremo por haber sumado lo que no debió sumar. Curioso destino el suyo. El popular Gil Lázaro le acusa de tapar el Faisán, Rubalcaba de haberlo tapado malintencionadamente.

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